martes, 24 de junio de 2008

BAUTIZO BLOGUERIL



Érase un vez una pequeña pepita perdida entre las piedras rodadas de un cada día menos caudaloso riachuelo, esperando día tras día que algún empecinado buscador de oro diera con ella.

La pepita, harta de esperar se armó de valor y comenzó a rodar y rodar y rodar hasta que dió con más pepitas como ella aburridas de esperar y con ganas de comenzar una nueva vida, donde ellas, las pepitas, serán las que busquen y no las que esperen ser encontradas.

Y así comenzó, tal día como hoy, el diario de una simple pepita...